Visualizando el potencial del índice sintético de desarrollo juvenil comparado

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Los datos que se aportaron inicialmente han permitido fijar una imagen y un marco de análisis para cada uno de estos contextos y grupos; unos meses después de esta primera descripción contamos ya con información que nos ofrece más pistas sobre su potencial, teniendo en cuenta algunas otras características esperables en un índice.

En primer lugar es una herramienta continua, estable y sostenible, que se basa en mediciones (muchas de ellas oficiales) que se mantienen en el tiempo y que permiten garantizar la interpretación de sus resultados de forma homogénea, tanto en cada momento concreto como, sobre todo, en el tiempo. Todo el proceso de selección y filtrado de indicadores se encaminó a dotar de estabilidad y sostenibilidad al índice. En segundo lugar la herramienta es eficiente ya que no requiere una inversión específica de recursos para cumplir con sus objetivos básicos y, por tanto, no es necesario para cumplir con los objetivos de comparabilidad temporal, recurrir a procedimientos de medición o investigación diferentes a los que ya existen en sus propias fuentes.

Desde el punto de vista analítico el índice permite la comparabilidad coyuntural entre realidades y contextos diferentes pero, sobre todo, se basa en la capacidad de ofrecer una visión auto comparativa, con vocación longitudinal, en cada uno de los contextos territoriales y también entre grupos diferenciados por edad y género.

Esta visión auto comparativa entendemos que es una de las aportaciones más relevantes del índice sintético si se entiende como una herramienta no enfocada tanto al establecimiento de ránkings y comparaciones brutas entre territorios y/o grupos sociales como a facilitar una imagen temporal sobre la evolución de cada una de las dimensiones del desarrollo juvenil en cada uno de esos contextos concretos, y en cada uno de los territorios y grupos.

Es cierto que la comparación transversal (coyuntural) aporta una imagen estática que resulta útil para algunos objetivos, y para fijar estándares y baremos sobre el estado de situación en un momento dado. Sin embargo, como en todas las estadísticas oficiales, esa visión estática suele poner de manifiesto la dificultad para comparar realidades intrínsecamente diferentes, más aún si no se tienen en cuenta los condicionantes diversos de cada una de las situaciones que son relevantes para la comprensión ajustada de cada uno de los temas y contenidos que se plantean. Por ello, la idea de auto comparación longitudinal resulta más eficaz de cara a comprender cómo las situaciones específicas de cada contexto (incluidas las políticas públicas) repercuten en la evolución particular de sus resultados en el índice.

Esta doble comparación permite visualizar la evolución distinguiendo los aspectos comunes y los diferenciales (es decir, las tendencias generales y las específicas) que, a medio-largo plazo y siempre desde la mirada longitudinal, es de innegable ayuda para evaluar y aportar conclusiones que faciliten el desarrollo de las políticas públicas. Aunque, obviamente, para aprovechar todo el potencial de comprensión, interpretación y evaluación son necesarios más datos e informaciones específicas que puedan explicar la evolución de los datos del índice más allá de su mera descripción en cada uno de los territorios y grupos. Pero eso es otro objetivo diferente al que pretende el índice en sí mismo.

A partir de los datos presentados a finales de 2016, momento de la construcción del índice, se ha completado la información con los indicadores calculados para los años 2005 y 2009. Es decir, contamos ya con una visión retrospectiva que añade tendencia hasta 2014 [1] para cada una de las dimensiones del índice.

Algunas de las tendencias más relevantes en el ámbito de la UE para cada una de las dimensiones son las siguientes:

Demografía

Teniendo en cuenta el descenso general de población joven, que es mayor en España que en el conjunto de la Unión Europea, en el gráfico 1 se presenta la tendencia del segundo indicador demográfico del proyecto: el peso de la población joven con respecto al total de la población. Como puede observarse, en 2014, el peso de la población joven representaba en todos los países a entre el 15% y el 23% de la población, identificándose el menor peso en Italia (15,27%) seguido de España (15,62%) y el mayor en Chipre (22,72%); la tasa media de la UE se situaba en el 17,62%. La evolución entre 2005 y 2014 evidencia un descenso de la proporción de población joven en la mayoría de los países de la UE, salvo en Reino Unido, Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y Letonia, donde su peso aumentó, aunque fuese tímidamente. La mayor caída de la tasa se observa en Irlanda (5,51 puntos porcentuales), España (5,35) y Rumania (4,84).

Demografía gráfico

Educación

Para observar el nivel educativo de la población joven, el proyecto propone el indicador tasa de jóvenes entre 25 y 29 años con educación terciaria que podría representar la evolución de los resultados educativos de la juventud. Los datos evidencian que un ligero saldo negativo en el conjunto del período 2005-2014, un descenso de la población joven con titulación superior en España que, a pesar del incremento paulatino desde 2009 no ha compensado la caída experimentada en los años anteriores. En el gráfico 2 se presentan estas diferencias por comunidades autónomas, mostrándose que en la mayoría de ellas la tasa es menor en 2014. En el conjunto de España la tasa se habría reducido 1,1 punto porcentual, mientras que en el conjunto de la UE habría aumentado en 4,2 puntos; no obstante, la tasa de población joven con nivel educativo superior es más amplia en España que en la media de la UE (40,50% frente a 36,50%).

Educación gráfico

Otros indicadores educativos del proyecto miden la tasa de participación educativa, evidenciando un aumento en los niveles no obligatorios (a las edades de 18 y 22) y de forma generalizada en todos los territorios, tanto en España como en la UE. Por su parte, la tasa de abandono escolar temprano[2] se comporta de forma inversamente proporcional a la participación: en España, en 2005 representaba el 31% de la población (18-24 años), en 2009 el 30,90%, y en 2014 el 21,9%. A pesar de esta significativa reducción, España duplica la tasa media de los países europeos que se situó en el 11,10% en 2014.

Empleo

Los datos de empleo son posiblemente los más negativos de todo el conjunto de indicadores. La tasa global de empleo de la población joven no cesa de caer desde los últimos años y, en correlación inversa, la tasa de paro no deja de ascender. La evolución de esta última se presenta en el gráfico 3, donde pueden apreciarse las variaciones a nivel europeo. España, en 2014, tenía una tasa de paro entre las personas de 15 a 29 años que rozaba el 40% de esta población, proporción sólo superada por la de Grecia. En los años de la crisis y previos, esta cifra se duplicó en España, pasando del 14,8% en 2005 al 28,54% en 2009 y, desde ese año hasta 2014, aumentó en más de 10 puntos porcentuales. Esta tendencia ha sido muy irregular entre los distintos países de la UE, de tal manera que en algunos países la tasa de paro ha descendido entre 2005 y 2014 en Europa, en otros ha variado ligeramente y en otros ha aumentado. En todo caso el aumento sostenido, y tan abultado, desde 2005 sólo se identifica en España.

Empleo gráfico

Por otro lado, los indicadores referidos a la temporalidad y la parcialidad involuntaria señalan que las condiciones de empleo han empeorado desde la crisis. La tasa de temporalidad de la población joven aumentó en 7,6 puntos en España entre 2009 y 2014, pasando del 44,30% al 51,9%, mientras que en Europa aumentó 2,5 puntos, situándose en un 32,2% en 2014, casi 20 puntos por debajo de España. La tasa de parcialidad involuntaria, que se refiere a aquellas personas que trabajan a tiempo parcial por no encontrar un empleo a jornada completa, también ha aumentado significativamente en España entre 2009 y 2014, pasando del 45,4% al 68,5%; la media europea pasó del 30,7% al 34,5%.

Por su parte, aumentó también entre estos años el porcentaje de jóvenes que trabaja por cuenta propia, pasando en España del 6,45% en 2009 al 8,06% en 2014. En Europa, la media se situó en el 6,46% en 2014, sin un aumento significativo desde 2009 (6,31%). Por países, Italia, Grecia, República Checa, Polonia, Rumania y Eslovaquia superan las tasas de España; aunque las de Italia y Grecia aumentaron igualmente en el periodo mientras que en el resto de los países disminuyeron. El último indicador de este bloque se refiere a la población inactiva que no estudia, en la que se excluye a la población activa sin empleo. Esta tasa ha aumentado tanto en la UE como en España desde 2009 (1,76 y 2,62 puntos respectivamente).

Emancipación

Hasta los 19 años, la emancipación es muy poco común tanto en España como en la UE, con una media inferior al 4% en 2013[3] (que triplican los países escandinavos). Entre los 20 y los 24 años, las tasas aumentan aunque no son especialmente elevadas: en España en 2013, la tasa de emancipación se situaba en el entorno del 12% mientras que la media de la UE superó el 25%. En el grupo de mayor edad la diferencia entre la tasa media de la UE y la española es superior a 15 puntos, habiendo descendido ligeramente desde 2009. En el periodo de 2009 a 2013 (gráfico 4) no se identifican grandes descensos en las tasas de emancipación, salvo en Rumania y Chipre, donde cayeron aproximadamente 12 puntos porcentuales. En España descendieron 2,7 puntos y la media de la UE menos de 1 punto. Tampoco se produjeron grandes aumentos, salvo en Eslovenia y Bulgaria (en torno a 10 puntos).

Emancipación gráfico

Vida

Los datos referidos a fecundidad se analizan para cuatro grupos de edad (15-17, 18-21, 22-25 y 26-29) cuyas tasas, en todos los casos, han descendido en España en los últimos años. Centrándonos en el grupo de 26 a 29 años, la tasa de fecundidad en 2013 fue del 9,39% en la UE (9,58% en 2005) y del 5,76% en España (6,76% en 2005)

Los indicadores de mortalidad incluyen la tasa bruta de mortalidad y la distinción entre las causas por suicidio y accidentes de transporte. En el gráfico 6, se presenta la evolución de la tasa bruta de mortalidad en los países de la UE entre 2005 y 2013. España, con un 0,24‰, es el país con una tasa de mortalidad más baja, seguido de Dinamarca y Países Bajos y con cierta distancia de la media de la UE (0,39‰). En cuanto a la evolución, en todos los países ha descendido la mortalidad desde 2005, salvo en Suecia donde no existe apenas variación. Los mayores descensos se han producido en los países bálticos de Estonia, Letonia, Lituania, que son los países con mayor mortalidad. En España, la tasa descendió 0,21 puntos y en el conjunto de la UE una media de 0,13.

Vida gráfico

TIC

El último conjunto de indicadores del proyecto son los referidos a las TIC. Dada la alta penetración de estas tecnologías entre la población joven y la casi total accesibilidad a internet (tasas cercanas al 100%), el indicador seleccionado para analizar esta dimensión es la tasa de jóvenes con un alto nivel de competencias en el uso de ordenadores. Este indicador, entre los comparables a nivel autonómico y europeo, es el que ofrece una mayor sensibilidad a los cambios entre las distintas poblaciones analizadas. De este dato solo disponemos de los datos para el año 2014, ya que no existen estos datos para 2005 y 2009 en la fuente europea (Eurostat).

El gráfico 8 refleja el comportamiento de este indicador en los distintos países de la UE y la desagregación por sexo. La tasa más alta de jóvenes con alto nivel de competencias en TIC se encuentra en Lituania, seguida de Estonia y Finlandia; por su parte, las más bajas son las de Rumania, Bulgaria y Países Bajos. Lo más significativo de este indicador es la brecha de género, negativa para las chicas en todos los países (con una diferencia media de -14 puntos porcentuales) menos en Grecia donde la tasa de chicas con altas competencias en el uso de ordenadores es 1 punto mayor a la tasa de chicos. Las mayores inequidades se encuentran en Croacia, Luxemburgo, Suecia y Eslovenia, mientras que las diferencias más bajas se muestran en Grecia, Rumania (país con la menor tasa general de competencias), Chipre y España. Por último, cabe destacar que la tasa de jóvenes con altas competencias es más alta en España que en la media de la UE, tanto en el caso de los chicos (56% frente a 52%) como de las chicas (49% frente a 38%).

TIC Gráfico

[1] Definida como el porcentaje de la población de 18 a 24 años que no ha completado el nivel de Educación Secundaria 2ª etapa y no sigue ningún tipo de educación/formación.

[2] Hay que tener en cuenta que los datos disponibles en 2016 correspondían generalmente a los años 2013 y 2014.

[3] Últimos datos disponibles en Eurostat

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