Uno de los aspectos analizados en el barómetro es la visión de futuro de los y las jóvenes españoles a partir de la situación actual, especialmente la económica. Los datos obtenidos muestran un relativo optimismo del colectivo de jóvenes entre 15 y 29 años, que contrasta, o quizá se matiza, a partir de las percepciones sobre la evolución de la situación económica, sus perspectivas laborales y las pérdidas que se asumen en la proyección del futuro personal.

Para comenzar, el relato de jóvenes y adolescentes identifica como los tres principales problemas actuales los salarios, la inseguridad y precariedad en el empleo y el paro. Los tres se consideran los más relevantes, tanto en general como en carne propia, por encima de otras cuestiones como, por ejemplo, la vivienda, la educación, la sanidad, la dificultad de emancipación, etc. Y sólo el 4% dice no estar afectado por uno de estos problemas.

Desde este punto, la mitad del colectivo cree que esos problemas que le afectan se mantendrán igual en los próximos dos o tres años, frente a otra mitad que se distribuye casi a partes iguales entre quienes creen que mejorarán y quienes consideran que empeorarán. La misma distribución se encuentra respecto a la proyección de la situación general del país, aunque la proporción de jóvenes que consideran que su situación personal mejorará aumenta hasta casi el 48%, frente al 7% que cree que, personalmente, empeorará en el plazo de un año. 

 

Parece también que la sensación de posible mejora es superior entre los chicos que entre las chicas, entre los más jóvenes, y entre quienes tienen mayores niveles de estudios y/o se encuentran en una situación social más favorable. Y una vez más, como en muchos estudios anteriores, comprobamos que la diversidad es tan extremadamente relevante -también entre jóvenes y adolescentes- que afirmar tan sólo posiciones generales puede resultar una simplificación que oculte una buena parte de la realidad: todos los problemas sociales, y todos los derivados de “la crisis” en particular, resultan más agudos (en lo objetivo y en lo subjetivo) para las personas jóvenes en situaciones más vulnerables (1).

 

Pero, además, es necesario encuadrar lo que puede parecer más positivo de estos datos (la expectativa de mejora de casi la mitad del colectivo) en un contexto de valoración y percepciones que contemplan el futuro (incluso cuando se visualiza mejor que en el momento actual) como un escenario de “pérdidas” o renuncias.

Algunos datos a este respecto:

• Casi la mitad de los y las jóvenes cree que las oportunidades laborales del futuro serán peores que las que han definido la vida profesional de sus progenitores; que las condiciones actuales se mantendrán en el futuro y el 20% cree que, incluso, tenderán a empeorar.

• El 68% cree que tendrá que estudiar más para estar más preparado o preparada para el mercado laboral, a pesar de lo cual, casi el 70% considera que es muy probable tener que trabajar en lo que sea, independientemente de la formación o la preparación adquiridas mediante toda esa formación.

• El 61% percibe que tendrá que seguir dependiendo de su familia de origen, o sea, que no le resulta muy probable incorporar la autonomía económica en un  proyecto de vida independiente.

• Casi el 40% considera muy o bastante probable tener que emigrar para poder trabajar.

 

 

También con vista en el futuro cercano, la probabilidad de conseguir un trabajo se considera baja: cerca del 40% cree que estará en paro, con dificultad de encontrar trabajo ocon un empleo peor de lo que esperaba. Casi la mitad de la población joven cree, en lógica consecuencia, que su capacidad de consumo será limitada, y que tendrá que recortar gastos en ocio; un 15% considera que ese recorte de gastos afectará también a aspectos básicos de su vida. Cerca del 30% piensa que ese futuro que imagina (dificultad de empleo, recorte de gastos, trabajos que no responden a las expectativas…) repercutirá en un peor estado anímico.

 

Por motivos laborales, hasta el 30,5% de los y las jóvenes considera muy o bastante probable tener que cambiar su residencia a otra Comunidad Autónoma para poder trabajar en el futuro, y algo más del 21% cree que existe una probabilidad alta de tener que emigrar al extranjero para conseguir trabajo. 

 

 

 

El significado vital y emocional de la emigración es ambivalente. 

Por una parte existe un grupo de jóvenes y adolescentes que valora en positivo las posibilidades reales que otros contextos y países pueden suponer para el proyecto profesional: hay un acuerdo muy alto (59%) con la opinión de que las condiciones laborales son mucho mejores fuera de España; con que emigrar al extranjero es una opción más, como cualquier otra (50%) y que fuera de España es más fácil encontrar un trabajo relacionado con la formación adquirida (49%). Un tercio del colectivo cree que es la única opción para encontrar un trabajo digno.

En el lado contrario se encuentra casi otra mitad de la población joven que considera que emigrar es una desgracia (46%), que fuera de España se aceptan trabajos que aquí no se aceptarían (42%) o que emigrar sería tan sólo una opción temporal  (37%).

Y hay que hacer notar que esta posibilidad de emigración, más como una necesidad que como un deseo de experiencias, se reduce de forma notable entre aquellos jóvenes que tienen menos formación o que cuentan con recursos familiares más limitados. En otros estudios ya hemos comprobado como, para este grupo de jóvenes, la posibilidad de salir al extranjero choca con la capacidad que perciben de sí mismos para poder manejarse en otro contexto diferente (fundamentalmente por el manejo de idiomas, pero no sólo)(2) . En los datos del Barómetro la valoración del extranjero como escenario de mejores opciones es superior entre los y las jóvenes con más de 25 años y entre quienes tienen estudios superiores. Los varones y quienes se encuentran en situaciones sociales más desfavorables consideran, con más frecuencia, esta opción como una desgracia.

 

 

En el momento actual, algo más de una cuarta parte de la población joven declara haber cambiado de residencia habitual por estudios, y un 21% por motivos laborales.  

Ese cambio de residencia, cuando es por motivos de estudios, se ha producido dentro de su misma CA en un 15% de los casos, aunque el 8% ha cambiado de CA y el 4% ha salido de España. También los cambios por motivos laborales se producen más frecuentemente dentro de la misma CA (11%); el 8% ha salido de su comunidad autónoma y el 4% salió al extranjero.

Tanto por estudios como por trabajo los cambios de residencia son más frecuentes entre los jovenes de más edad (para estudiar por encima de 20 años y para trabajar sobre todo a partir de los 24), entre quienes tienen estudios de bachillerato y universitarios. El cambio de residencia por estudios es más probable entre quienes se sitúan en los tramos altos de la escala social.

 

 

 

 

NOTAS:

(1)  Rodríguez San Julián, E; Ballesteros Guerra, JC. (2014) Jóvenes y diversidad ante un futuro condicionado por la crisis, en Metamorfosis, nº 0, marzo 2014. Revista del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (FAD) pp. 56-63

(2) Rodríguez San Julián, E; Ballesteros Guerra, JC. (2013) “Crisis y contrato social. Los jóvenes en la sociedad del futuro”. del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (FAD), Madrid.