Economía personal y hábitos de consumo de los y las jóvenes

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Generalizando los resultados se puede decir que nos encontramos una situación en la que los recursos propios son muy limitados para la mayoría de los jóvenes; que sólo a una parte del colectivo le permite sufragar el conjunto de sus necesidades y en la que se van incorporando prácticas de economía colaborativa y, fundamentalmente, el uso de productos de segunda mano.

Sin embargo la generalización sólo da una imagen parcial de la realidad en la que siempre se constatan las grandes diferencias entre diferentes grupos de personas jóvenes. Por supuesto la edad es fundamental en la disponibilidad de recursos e ingresos propios, pero mucho más allá, otras variables estructurales son una constante en las tipologías diferenciales de jóvenes. El nivel de estudios y el estatus social, que como hemos visto en muchas de las investigaciones guardan una estrecha correlación, muestran también situaciones muy diversas respecto al consumo y la economía juvenil, fundamentalmente en el diferencial que establecen los estudios universitarios y clases medias-altas y altas. Pero también es muy relevante la diferencia de género en muchos de los aspectos que resumimos a continuación.

Las fuentes principales de ingresos de los y las jóvenes son su propio trabajo o las aportaciones familiares. En cada una de estas situaciones se encuentra alrededor de un tercio del colectivo. Otro 15% obtiene ingresos de trabajos esporádicos; el 9% de becas o ayudas de estudios y alrededor del 6% de diferentes subsidios (4,5% de paro).

Como parece lógico, contar con ingresos provenientes de un trabajo propio y regular es más frecuente entre los de mayor edad (en general por encima de los 20 años) y quienes viven por su cuenta, solos o en pareja. Pero esta situación también es significativamente mayor entre los y las jóvenes con estudios universitarios, mientras que quienes tienen menores niveles de estudios tienen, en mayor proporción, empleos esporádicos.

En el lado contrario, el de quienes no cuentan con ingresos propios y se financian con las aportaciones familiares están, en mayor proporción, los y las jóvenes de menor edad (hasta los 19 años) y quienes sólo estudian y viven con la familia de origen; pero también es más frecuente que sean las chicas quienes dicen no tener recursos propios.

En estas condiciones la inmensa mayoría del colectivo cree que no cuenta con recursos suficientes para sufragar sus gastos. Sólo un 29% de jóvenes dice poder pagar todas sus necesidades,incluso vivienda y alimentación, mientras que el resto dice poder pagar solo una parte o sólo gastos de bolsillo (1) .

De nuevo las condiciones sociales marcan diferencias en las posibilidades de consumo percibidas: por encima de los 25 años, cuando se cuenta con estudios superiores y en las clases alta y media alta, es muy superior la probabilidad de poder sufragar la totalidad de los gastos; mientras que cuando disminuye el nivel de estudios formales y, en todo caso, desciende la clase social, los recursos disponibles sólo cubren una parte de las necesidades. Entre los menores de 24 años es mucho más frecuente poder pagar sólo gastos de bolsillo o puntuales, situación que se extiende también entre quienes tienen estudios de bachillerato o se ubican en clases sociales baja y media-baja.


En cuanto a los conceptos de gasto mensual que sufragan con sus ingresos, la alimentación cotidiana es el más frecuentemente declarado por los y las jóvenes (48%). A cierta distancia, pero señalado por un 28% de chicos y chicas se sitúa el mantenimiento de un vehículo y, en la misma proporción, comer fuera de casa.

 

Entre un 23 y un 20% del colectivo dice invertir sus ingresos en salir (de marcha, de fiesta..), actividades de ocio cultural, higiene personal y ropa. Los otros dos conceptos de gasto relevantes son la tecnología y los viajes, aunque sólo señalados por el 11% de jóvenes.

El gasto en alimentación cotidiana y vehículo es superior entre quienes tienen mayor edad y mayor nivel de estudios, sin diferencias de clase. Sin embargo, comer fuera de casa es un gasto más frecuente en las clases altas. Por su parte, el consumo de ocio y tecnología es muy superior entre los varones, mientras que las compras de ropa los son entre las mujeres.

El consumo alternativo y la economía colaborativa son prácticas que cuentan ya con un cierto grado de penetración entre los jóvenes: cerca del 57% ha utilizado o utiliza alguna práctica de este tipo, aunque el 36% no lo hace.

Dentro de este concepto existen múltiples fórmulas y objetivos, entre los que lo más frecuente es compartir bienes (wifi, ropa, películas…, para casi el 27%)o coche (23%) y software libre (15%).

Por su parte, entre un 7% y un 10% ha participado en intercambios de libros, campañas de crowdfunding o utiliza prácticas de trueque.Mucho más minoritaria (entre el 2 y el 6%) es la participación en huertos ecológicos, grupos de consumo, espacios de trabajo compartidos, el intercambio de viviendas o bancos de tiempo.

A pesar de las diferencias entre unas y otras alternativas son, en general, prácticas más frecuentes entre varones y universitarios/as.

Sí que es mucho más frecuente el reciclado de productos mediante la compra de segunda mano. Dos de cada tres jóvenes (75,4%) ha comprado en alguna ocasión objetos de segunda mano, también más los varones aunque, en este caso, es mayor la proporción en los estudios inferiores.

Los productos tecnológicos son los que más se adquieren mediante esta fórmula, seguidos de libros y vehículos; pero también es frecuente la compra de ropa, muebles y música.

Respecto al ocio, como uno de los espacios de consumo, el grado de satisfacción expresado es, en general alto. El 54 % de jóvenes lo valora como bastante satisfactorio (sólo el 14% de los y las jóvenes lo considera muy satisfactorio)a pesar de que un nada desdeñable 29% dice que le resulta poco o nada satisfactorio.

A pesar de la percepción general sobre el ocio nocturno juvenil, casi la mitad de los y las jóvenes dice salir de noche sólo una vez al mes o prácticamente nunca. No obstante, en el otro extremo, el 21% dice salir semanalmente (el 5% dos o más días a la semana) y otro tanto dos o tres veces al mes.

Son los varones, quienes solo estudian y/o tienen menor nivel de estudios quienes salen con más frecuencia; pero también salen más quienes se sitúan en las clases alta y media-alta.

El horario de las salidas nocturnas es también muy variable. Casi la cuarta parte de quienes salen vuelve a casa entre las 2 y las 4 de la mañana; el 34% entre las 4 y las 6 y un 14% después de esa hora. Este horario es menos amplio entre los y las más jóvenes.

 

NOTAS:

(1) Casi un 24% de los y las entrevistadas no contesta a esta pregunta. 

 

 

 

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