Usos y prácticas de salud de los y las jóvenes españoles

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Esta vez centramos nuestro análisis en la percepción del estado de salud en la población joven con los resultados del Barómetro de juvenil de Vida y Salud realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud en una clara apuesta por conocer y tener una fotografía general sobre uno de los aspectos importantes en el desarrollo juvenil.

La etapa de la adolescencia y juventud se vive como un periodo en el que se afrontan una diversidad de cambios relacionados con el crecimiento y la maduración, que llevan hasta la edad adulta. La salud, en estas edades, es un elemento especialmente importante y el hecho de contar con una buena salud es un factor que puede ser muy determinante en el desarrollo psico- social del individuo. Parece importante, pues, determinar la propia conciencia del estado de salud, según afirma Pérez (2014) “La autopercepción del estado de salud (AES) es un indicador subjetivo que lleva empleándose desde hace ya algunas décadas y que ha demostrado ser un fiable predictor, no sólo del uso de los servicios sanitarios, sino también de la salud objetiva, la capacidad funcional y la supervivencia global de la población” (1).

En cuanto a la autopercepción del estado de salud (AES) de los y las jóvenes entre los 15 a 29 años, población objetivo de barómetro, los resultados se muestran a continuación:

Predomina de forma abrumadora la percepción de buena salud: el 87% declara encontrarse “bien” o “muy bien”. Solo un 10.8% declara sentirse “regular”, siendo muy residual la proporción de quienes mencionan que su salud es “mala” o “muy mala”, con tan solo el 1.9%. Comparativamente a sus colegas pares europeos, los y las jóvenes españoles muestran pautas muy similares en el indicador AES. El 91% de los europeos en sus mismas edades (entre los 15 y 29 años) declaran que es muy buena o buena, el 7,3% que es regular y el 1,7% la califica como de “mala” o “muy mala”.

Hombres y mujeres difieren sensiblemente de esta percepción. Ellas manifiestan en menor grado encontrarse muy bien o bien (84,4% frente al 90,6% de ellos) y, especialmente, ambos géneros difieren en la categoría “regular”, donde ellos son el 7,9% frente a un 13,4% de las mujeres.

Resulta que, pese a esta mayoritaria declaración de buena salud, cerca del 23% (el 22,7%) asegura padecer algún trastorno crónico, es decir, problemas de salud que han durado (o se espera que duren) un periodo de tiempo de duración igual o mayor a seis meses.

De nuevo, entre las mujeres parece haber mayor incidencia de este tipo de problemas crónicos. Casi 10 puntos porcentuales separan a las mujeres que declaran cronicidad de algún problema de salud (27,2%) de los hombres, que se sitúan en el 17,8%. Parecen bastante coherentes estas diferencias, al hilo de la ligera tendencia de una significativa proporción de mujeres a declarar un estado de salud algo menos óptimo que el de los hombres.

Algo más de tres de cada cuatro jóvenes afirman haber acudido a algún servicio médico al menos una vez en el último año, concretamente el 78.1% (2). Objetivamente puede parecer un porcentaje elevado, sobre todo teniendo en cuenta el estado de salud declarado, pero no es especialmente diferencial con respecto al uso de servicios médicos entre la población general española (igual o mayor de 18 años), que acuden en una proporción parecida, aunque algo inferior, el 73,1%.

Nuevamente, el sexo marca diferencias significativas en este aspecto. Ellas han solicitado en mayor proporción que ellos servicios médicos, casi 10 puntos porcentuales (83,0% de ellas frente al 72,8% de ellos).

El 38,1% de los chicos y chicas no consumen prácticamente ningún medicamento fuera de las percepciones de los facultativos. Sin embargo, un 29,7% declara que lo hace “varias veces al año” y un 20,3% al menos una vez por semana. Son muy escasos, aunque es un porcentaje no despreciable, los que afirman consumirlos diariamente o varias veces por semana (8,1%).

En este sentido, si existen diferencias muy marcadas con respecto a la población general. Se tiende a consumir más medicamentos sin prescripción facultativa que el conjunto de la población, especialmente en las categorías más ocasionales “varias veces al año”, donde casi duplican este consumo con respecto a la población general (16% vs 29,7%) y “una vez por semana+varias veces al mes” (12% vs 20,3%, respectivamente).

Tal y como se viene percibiendo en todos los datos referidos a salud, ellas declaran una ingesta de medicamentos sin prescripción facultativa en bastante mayor medida que ellos. El 45,1% de los chicos declaran no tomarlos “nunca”, frente al 31,8% de ellas.

En la categoría más ocasional, “varias veces al año”, ambos sexos se parecen bastante; 31,3% ellos por el 28,2% ellas. Pero en las categorías de mayor frecuencia, ellas manifiestan un comportamiento de ingesta bastante diferencial. Para “una vez por semana y varias veces al mes” ingieren medicamentos sin prescripción el 25,2% de ellas por el escaso 15% de ellos. Para el consumo diario o casi diario (“diariamente y varias veces a la semana”) ellas son el 10,2% frente al 5,6% de ellos, es decir, prácticamente el doble.


Queda por analizar el uso de los sistemas o terapias de las llamadas “medicinas alternativas”. Entre los y las jóvenes, estas terapias no convocan a un porcentaje especialmente elevado. La llamada “medicina naturista” (3) ha sido probada por un 10,7% de los y las jóvenes. Menos aún la “homeopatía” (4) (el 8,2%), la “acupuntura” (5) (6,2%) o la “naturopatía” (6) (3,7%).

En estos tratamientos, siguiendo la tendencia de los anteriores análisis, también existen ciertas diferencias entre los sexos. Las mujeres muestran mayor propensión a emplearlos, especialmente en la llamada “medicina naturista” (el 13,1% frente al 8,1% de los hombres).

También ellas presentan algo más de inclinación por la acupuntura (7,6% vs el 4,7% de ellos) y poco más en la “naturopatía” (donde la han experimentado el 4,6% de ellas frente al 2,7% de ellos). Poniendo en contexto los datos, parece claro que existe un significativo consumo de estas especialidades entre la población española, tanto general como en entre los jóvenes, que confirman otros estudios. En 2016, el 36% de españoles ha consumido homeopatía en alguna ocasión y el 28% ha dado a sus hijos un medicamento de este tipo, según se desprende del estudio “Percepciones sobre Salud y Homeopatía en la población española”, elaborado por Nielsen en 2016 (7).


Notas:

(1) Pérez, M et al (2014) “Salud autopercibida por los jóvenes y factores sociodemográficos y conductuales asociados”. Medicina Familiar Andaluza Vol. 15, Nº.1, julio 2014

(2) En este indicador se incluyen se incluyen clínicas privadas, hospitales, servicios de urgencia, ambulatorios, centros de salud públicos, servicios de enfermería, etc.

(3)  Entre las múltiples definiciones de estas prácticas hemos optado por recoger las más descriptivas y de uso común, Por ejemplo, para la “medicina naturista”. “utiliza los elementos de la naturaleza como el aire, agua, sol, tierra, plantas (fitoterapia), así como una nutrición natural de base vegetariana para prevenir, promocionar y reparar la salud”.

(4) Método curativo de algunas enfermedades que se fundamenta en la aplicación de pequeñas cantidades de sustancias que, si se aplicaran en grandes proporciones a un individuo sano, producirían los mismos síntomas que se pretenden combatir.

(5) Práctica de la medicina tradicional china y japonesa que consiste en la introducción de agujas muy finas en determinados puntos del cuerpo humano para aliviar dolores, anestesiar determinadas zonas y curar ciertas enfermedades

(6) Doctrina que defiende el empleo de medios naturales en todos los aspectos de la vida, especialmente para conservar la salud y tratar las enfermedades.

(7) NIELSEN: Estudio “Percepciones sobre Salud y Homeopatía en la población española” 2016.

 Otras fuentes de datos utilizadas:

CIS: Barómetro sanitario. 2016 (E8816)
CIS: Barómetro marzo 2017 (E3170)
EUROSTAT: Self-perceived health. 2016

 

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